La Fe bahá'í es una religión monoteísta independiente con una población mundial de 5 millones de personas que proceden de más de 2.000 tribus, razas y etnias distintas, y viven en 235 países y territorios dependientes. El anuario The Britannica Book of the Year (1992) se refirió a la Fe bahá'í como la segunda religión más extendida geográficamente en el mundo, después del cristianismo. Se originó en Irán en 1844, y tiene sus propias escrituras sagradas, leyes, calendario y días sagrados.
La Fe bahá'í enseña que los Fundadores de las religiones principales del mundo, incluyendo Krisna, Buda,
Zoroastro, Abraham, Moisés, Jesucristo y Muhammad, son Maestros divinos enviados por un solo Dios a fin
de educar a la humanidad mediante enseñanzas y leyes convenientes para su etapa de desarrollo. La Fe
bahá'í reconoce dos Maestros adicionales para esta época: el Báb y Bahá'u'lláh. Los bahá'ís creen que
la revelación religiosa continuará en el futuro y proveerá orientación a "una civilización en continuo progreso".
En 1844, el Báb ("la Puerta") fundó la Fe bábí. Su objetivo principal era preparar a la humanidad para
la aparición inminente de otro Maestro divino quien la conduciría a una era de paz universal. En 1863,
Bahá'u'lláh ("la Gloria de Dios") anunció que Él era la figura predicha por el Báb, naciendo así la Fe
bahá'í. La unidad de la Fe se ha preservado mediante las disposiciones de una "Alianza" escrita, la cual
estableció los principios de sucesión y la autoridad institucional de la Fe. En la Fe bahá'í no existe el
clero. La comunidad bahá'í se autogobierna mediante consejos elegidos a nivel local, nacional e
internacional, y sólo a los bahá'ís se les permite contribuir a los fondos de su Fe. Desde que comenzó la
Fe, los bahá'ís en Irán han sufrido persecución por sus creencias.
El tema principal de la revelación de Bahá'u'lláh es la unidad. Él enseñó que "la tierra es un solo
país y la humanidad sus ciudadanos". Sus escritos abarcan principios, leyes e instituciones para una
civilización mundial, incluyendo: el abandono de toda clase de prejuicios; la igualdad entre los sexos;
el reconocimiento del origen común y la unidad esencial de las religiones principales del mundo; la
eliminación de los extremos de pobreza y riqueza; la educación universal obligatoria; la responsabilidad de
cada individuo de buscar independientemente la verdad; el establecimiento de un sistema federal mundial
basado en los principios de la seguridad colectiva; y el reconocimiento de que la religión armoniza con
la razón y el conocimiento científico. Debido a su compromiso con estos ideales, la comunidad bahá'í ha
apoyado activamente organizaciones internacionales tales como las Naciones Unidas. El servicio a la
humanidad es otra enseñanza principal de la Fe bahá'í, una que ha animado a los bahá'ís a emprender
miles de proyectos de desarrollo social y económico alrededor del mundo-muchos de éstos esfuerzos modestos
a nivel de las bases populares tales como escuelas, campañas de salud en los pueblos y proyectos
ambientales.
El Centro Mundial Bahá'í en la zona de Acre/Haifa de Israel ha sido el centro tanto espiritual como administrativo de la Fe bahá'í desde que Bahá'u'lláh fuese exiliado aquí en 1868. Los Santuarios (lugares de entierro) del Báb, en el Monte Carmelo, Haifa, y de Bahá'u'lláh, cerca de Acre, son para los bahá'ís los dos lugares más sagrados de la tierra.
EL BÁB
Siyyid 'Alí-Muhammad, conocido por la historia como el Báb ("la Puerta" en árabe), nació en Shiraz, Irán, en 1819. Era descendiente del Profeta Muhammad, y Sus maestros y familiares se percataron desde temprana edad de Su devoción y profundidad espirituales.
En el siglo diecinueve, el fervor mesiánico asaltó a Irán, ya que los musulmanes esperaban la aparición del "Señor de la Edad". En tal clima, el Báb se declaró a Sí mismo como Mensajero de Dios el 23 de mayo de 1844.
El Báb fundó una religión distinta, la Fe bábí, que tenía sus propias leyes, ordenanzas y documentos
místicos y doctrinales. En contra del clima de inmoralidad reinante, Él pidió una reforma espiritual y
moral de la sociedad persa. Insistió en que la posición de las mujeres se elevara y que la condición de
los pobres se mejorara. Promovió la educación y las ciencias útiles. Sin embargo, el tema principal del
Báb y Sus enseñanzas era la inminente aparición de otro Mensajero de Dios. Este segundo Mensajero sería
de rango mayor que el Báb mismo, e inauguraría la era de la paz y justicia prometida en el judaísmo, el
cristianismo, el islam y las demás religiones principales del mundo. El Báb se refirió a dicha figura como
"Aquel a Quien Dios horá manifiesto". El Báb, por tanto, previno de la llegada de Bahá'u'lláh. Su proclamación
de una religión completamente nueva ayudó a Sus seguidores para liberarse de su marco de referencia
tradicional y les movilizó a prepararse para la venida del "Prometido de todas las edades".
La misión del Báb fue de corta duración-sólo seis años-, pero en ese tiempo atrajo a miles de seguidores. La mayoría de los bábís no le vieron jamás, pero se enteraron de Su religión a través de la lectura de Sus escritos, los cuales estaban ampliamente diseminados. Sus seguidores fueron perseguidos severamente por las autoridades, que observaban alarmadas estas conversiones a la nueva Fe. El clero estaba alarmado por Su llamamiento para una renovación espiritual, por lo que persuadieron a las autoridades seculares de que dicho llamamiento para una reforma social podría causar disturbio civil. Miles de bábís, mostrando gran heroísmo, fueron torturados y asesinados por sus creencias.
Después de tres años de encarcelamiento, el Báb fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento en la ciudad de Tabriz el 9 de julio de 1850, en circunstancias extremadamente inusuales que fueron observadas por más de 10.000 personas y publicado en la prensa occidental de la época. Cuando se Le retiró de Su celda por primera vez, el Báb conversaba con su secretario y advirtió a los guardias que "ningún poder terrenal" podría silenciarle hasta que Él acabara todo cuanto tenía que decir. Un regimiento de 750 soldados armenios llevaron a cabo la ejecución, pero cuando el humo de sus fusiles se disipó, el Báb había desaparecido de la vista. Se le reencontró en Su celda, acabando de dar Sus instrucciones a Su secretario. Cuando los guardias llegaron, Él tranquilamente anunció, "Ya podéis proceder a cumplir con vuestras intenciones". El primer regimiento rehusó reemprender la ejecución, pero se trajo un segundo regimiento, y esta vez las balas dieron en el blanco.
Los restos del Báb fueron ocultados por Sus seguidores por muchos años y finalmente transportados a Tierra Santa. Bahá'u'lláh dispuso que deberían enterrarse en el Monte Carmelo y señaló el sitio exacto donde debería construirse Su tumba. En 1909, los restos del Báb fueron enterrados en un mausoleo simple, que se embelleció más tarde. La familiar superestructura de cúpula dorada, conocida como el Santuario del Báb, se completó en 1953. Es uno de los dos lugares más sagrados del mundo para los miembros de la Fe bahá'í.
BAHÁ'U'LLÁH
Bahá'u'lláh, que significa "la Gloria de Dios" en árabe, es el título adoptado por el Fundador de la Fe bahá'í, Mírzá Husayn-'Alí (1817-1892). Nacido en una familia noble en el Irán del siglo diecinueve, Bahá'u'lláh rehusó la posición política que se le ofreció cuando era joven y eligió en su lugar gastar Su riqueza cuidando a los pobres y enfermos. Fue un seguidor temprano del Báb ("la Puerta"), un joven comerciante de Shiraz quien pretendió ser el portador de una nueva religión destinada a renovar la sociedad persa. El Báb asimismo predijo la inminente llegada de otro Mensajero de Dios, quien cumpliría con las profecías del judaísmo, el cristianismo, el islam y las demás religiones principales del mundo, inaugurando una era de paz y justicia para todos. Tras la ejecución del Báb por las autoridades en 1850, muchos de los miembros de Su movimiento-llamados bábís-acudieron a Bahá'u'lláh para que les liderara.
En 1852, mientras encarcelado en Teherán por sus actividades como bábí, Bahá'u'lláh recibió las primeras
indicaciones de la misión predicha por el Báb. Tras Su liberación de la prisión, Bahá'u'lláh fue exiliado a
Bagdad y, en 1863, declaró que Él era el esperado Mensajero de Dios. La inmensa mayoría de los bábís
aceptaron esta declaración y así nació la comunidad bahá'í.
A lo largo de 40 años de exilio en manos de las autoridades persas y otomanas, de Bagdad a Constantinopla, Adrianópolis y finalmente en 1868 a la colonia penal de Acre, Palestina (ahora Israel), Bahá'u'lláh reveló más de 100 volúmenes de escritos místicos, enseñanzas éticas y sociales, leyes y ordenanzas divinamente inspiradas. Él asimismo se dirigió a los reyes y gobernantes de Su día, incluyendo el Sháh de Persia, el Sultán de Turquía, el Papa Pío IX, el Káiser Guillermo I de Alemania, la Reina Victoria, el Emperador Francisco José de Austria, Napoleón III y los jefes de gobierno del Occidente, informándoles de Su Revelación. Él les exhortó a que gobernaran sus súbditos con justicia y compasión, y les advirtió que si no lo hicieran, perderían su poder.
Los puntos centrales del mensaje de Bahá'u'lláh pueden resumirse como la unidad global y la justicia. Él enseñó que sólo existe un Dios Quien ha revelado Su voluntad mediante una serie de Maestros divinos tales como Abraham, Moisés, Jesucristo, Muhammad, Krisna, Buda y Zoroastro. Mientras que las enseñanzas sociales de las grandes religiones que ellos han fundado difieren según el tiempo y lugar en donde se repartieron, la esencia espiritual de todas las religiones es la misma: que el propósito de todo ser humano es conocer y adorar a su Creador. En esta época, la humanidad es capaz de reconocer la unidad de Dios, de la religión y de la familia humana. Bahá'u'lláh también ha enseñado que los hombres y las mujeres son iguales, que las enseñanzas de la ciencia y la religión armonizan, que los extremos de la pobreza y la riqueza deben ser abolidos, que la educación debe ser universal y obligatoria, y que una lengua auxiliar universal debe ser elegida para facilitar la comunicación y la comprensión internacionales.
Antes de Su muerte en 1892, Bahá'u'lláh proveyó para la sucesión del liderazgo de la comunidad bahá'í, asegurando su unidad y protegiéndola del cisma. Su hijo mayor, 'Abbás Effendi (quien adoptó para sí el titulo de 'Abdu'l-Bahá, que significa "el siervo de la Gloria"), fue nombrado la cabeza de la Fe bahá'í y el único interprete autorizado de los escritos de Bahá'u'lláh. Este gesto capacitó a la comunidad bahá'í para que, a pesar de desafíos tanto externos como internos, atravesara su primer siglo de existencia con su unidad firmemente intacta.
'ABDU'L-BAHÁ
'Abbás Effendi, conocido como 'Abdu'l-Bahá ("el Siervo de la Gloria" en árabe), nació el 23 de mayo de 1844-la misma noche en que el Báb por vez primera declaró Su misión. Era el hijo mayor de Bahá'u'lláh, y sólo tenía ocho años de edad cuando su Padre fue encarcelado. Acompañó a Bahá'u'lláh durante 40 años de exilio y encarcelamiento, y conforme alcanzaba la edad adulta se convirtió no solamente en el compañero más íntimo de su padre sino también Su delegado, Su escudo y Su principal representante ante los líderes políticos y religiosos del momento. 'Abdu'l-Bahá, por su liderazgo, sapiencia y servicio, le trajo gran prestigio a la comunidad bahá'í exiliada.
Tras la muerte de Bahá'u'lláh el 29 de mayo de 1892, 'Abdu'l-Bahá asumió la dirección de la comunidad bahá'í, el puesto para el que formalmente había sido nombrado por Bahá'u'lláh. De esta manera, se evitó la problemática de la sucesión religiosa que tanto había atormentado a otras religiones. A través de Su Voluntad y Testamento, Bahá'u'lláh previno el cisma y estableció un cimiento firme para el desarrollo y progreso futuros de Su Fe mediante la preservación de la integridad de Sus enseñanzas.
Bahá'u'lláh nombró a 'Abdu'l-Bahá "el Centro de la Alianza" a quien todo bahá'í debería acudir para orientación. Era el único intérprete autorizado de las enseñanzas de su Padre, las cuales esclareció. Como guía infalible y artífice de una comunidad en rápida expansión, también amplió las doctrinas y perfiló los rasgos principales de las instituciones administrativas de la Fe. Al hacerlo, se consagró además a darle a los miembros de la Fe, mediante su ejemplo, un modelo de la vida personal que exigen las enseñanzas bahá'ís.
En 1911, tras más de 40 años de encarcelamiento y sufrimiento, 'Abdu'l-Bahá pudo viajar a Occidente. Visitó Europa y Norteamérica, en donde habló extensamente a toda clase de auditorios acerca de la prescripción de Bahá'u'lláh para la renovación moral y espiritual de la sociedad. Se autotitulaba un "heraldo de la paz y la reconciliación" y "un defensor de la unidad de la humanidad". Muy alabado por la prensa y por los líderes de la sociedad, él, sin embargo, aclaró que su mayor gloria era ser "'Abdu'l-Bahá"-el siervo de Bahá'u'lláh-, y que las enseñanzas de su Padre eran la fuente de todo cuanto él decía o hacía.
'Abdu'l-Bahá murió el 28 de noviembre de 1921, en Haifa. Unas diez mil personas de ascendencia judía, cristiana y musulmana, así como bahá'ís, acudieron a su entierro. Ellos le elogiaron como un "ejemplo vivo de la abnegación", un "pilar de la paz" y uno que condujo a la humanidad al "Camino de la Verdad".
Al igual que Bahá'u'lláh, 'Abdu'l-Bahá escribió una Voluntad y Testamento. En su Testamento nombró a su
nieto mayor, Shoghi Effendi, como su sucesor, a ser conocido como "el Guardián de la Fe bahá'í". Con este
hecho, la unidad de la comunidad bahá'í fue conservada de nuevo y su progreso y desarrollo asegurados.